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Sep 5th 2018, 15:16
Sep 5th 2018, 16:21

Bombeando Pack 5 - Previews


BOMBEANDO 04 (PARTE I) - PREVIEW

Junto a la ventanilla abierta se podía escuchar claramente el chapoteo dulce de los labios sobre la pija ensalivada. Y el ronroneo del viejo murmurando "así… así…", tan grave que casi no se oía. El hijo de puta tenía una manaza sobre la cabeza de mi esposa como para guiarle la mamada a su ritmo.
—¿Se puede saber qué hacen con la ventanilla abierta?
El viejo me miró sorprendido y Tamy se quitó el vergón de la boca.
—Seguí chupando, putón… —le ordenó, y mi mujer, como si el viejo fuera su dueño, lo obedeció sin un chisteo. Luego el viejo sacó una mano por la ventanilla, me tomó de la corbata y jaló hacia él, con fuerza y de manera repentina. Mi cabeza dio contra el borde de la puerta, justo sobre la ventanilla. Me dolió muy fuerte. La sorpresa fue total, y el dolor, indescriptible. Tamy dejó de mamar nuevamente, se asustó. Don Roque señaló con los ojos su verga gruesa y erecta y ella volvió a tragar carne.
El shock, el golpe y la actitud del viejo me atemorizaron. Sentí algo caliente en mi rostro, me toqué y descubrí la sangre.
—No puedo prender el aire, imbécil. Sin nafta ¿y encima sin batería? ¡Te vas a quedar a vivir acá, pelotudo!
Tamy seguía cabeceando sobre el regazo del viejo, tomando la pija en la base, que era tan gruesa que no podía rodearla con los dedos.
—T-tiene razón, señor.
—Claro que tengo razón —dijo, y me sonrió—. Y también tengo razón en que sos un imbécil.
No supe qué decirle, me miraba a los ojos como si esperara una respuesta mía. Yo solo tenía en mi mente un zumbido por el golpe y el “chup chup” de Tamy tragándole la verga.
—S-sí… —dije por decir algo.
Mientras mi mujer seguía en lo suyo, don Roque me dio su Nextel.
Abrí el aparato. No lo entendía. Parecía un celular viejo, analógico. No tenía pantallita táctil para navegar. Miré hacia mi hijo, que seguía entretenido con el gancho. Adentro de mi auto, el viejo acomodó a mi mujer en otra posición. En el aparato encontré una lista no muy larga de contactos. Ese hombre no tenía vida social. Pobrecito…
—¿Cómo era el nombre que tenía que buscar...? —dije, temblando mi voz.
—Machete —dijo, y puso a mi novia en perrito, delante de él y le subió la minifalda tejida hasta la mitad de la cola. La tanguita blanca se enterraba arriba entre las nalgas, desapareciendo, y abajo reaparecía cubriendo justo justo la conchita convexa.
—Don Roque, ¿qué hace? —El viejo sostenía a mi mujer de una nalga, con su mano derecha. Un dedo de esa misma mano había enganchado la tanguita y la estiraba para un costado. Con la otra mano, se apretaba el pijón grueso y hacía que la cabezota enrojecida se asomara por arriba, como un topo—. ¡Quedamos en que no se la cogía!
—Callate, cuerno, y llamá a Machete, que yo sé lo que hay que hacer acá.
Me dio cierta zozobra. El viejo estaba de este lado, mi mujer del otro, lo mismo que la mano que se la trabajaba. Si yo intentaba algo, podría pegarme.
—Tamy, volvé a chuparle la pija al señor, no te zarpes.
Fui a marcar cuando vi que el viejo hijo de puta comenzó a sobar a mi mujer y a masajearle la rayita.
Don Roque metió dos dedos en la concha de mi esposa.
—Ahhhhhh —jadeó ella, palpitando lo que venía.
—¡Don Roque, me dijo que no me la iba a coger!
—Tranquilo, cuerno, soy hombre de palabra y muy respetuoso... Estás hecha sopa ahí abajo, putón...
Me quedé tranquilo cuando el viejo comprometió su palabra, pero que se dirigiera a mi mujer de esa manera me hizo dudar. Igual, los dedos del viejo seguían masajeándola abajo. Tamy seguía culito en punta con la minifalda subida por la mitad, manoseada sin pausa y con una lujuria sólo parecida a la mía cuando Tamy me dejaba tocarla para una paja. Llamé rápido al tal Machete y cuando comencé a explicarle, don Roque me quitó el teléfono y cuchicheó unos segundos. Arrojó el celular y vi con horror que se colocaba detrás de Tamy. El viejo turro se agarró la verga —el vergón—, se lo agitó un poco para darle mayor rigidez, fue hacia Tamy y con un dedo le corrió la tanga ahí donde le protegía la conchita. Mi mujer suspiró en un jadeo cargado de deseo.
Por menos de un segundo yo giré mirando alrededor, a Dios, o a mi eterno maldito destino. Y volví a mirar dentro del auto.
—Don Roque, por favor, usted me lo prometió… me dijo que no me la iba a coger... ¡Tamy, decile algo!
—Ay, mi amor, no me va a hacer nada…  
El viejo convirtió su verga en una brocha de carne y pinceló la conchita apretadita de mi mujer. Me di cuenta que el viejo no se iba a conformar con una mamada, así que fui a impedirlo. Metí la cabeza por la ventanilla para que me escuchara bien, apoyándome en el vidrio.
—Don Roque, no me la coja. ¡Me dio su palabra!
Al viejo mi interrupción no le gustó ni medio.
—¡Cornudo de mierda! 
Apretó el interruptor de la ventanilla y ésta subió sin detenerse hasta aprisionar mi cabeza.
—¡Aaaahhhhhhh! —grité.
Tamy giró su rostro.
—Siempre el mismo escandaloso vos.
La cabeza me había quedado prensada de costado y me apretaba fuerte una oreja, mandíbula y cráneo. Me partía de dolor.
—Tamy —dije, y en el hablar me empezó a caer la baba—. Me pgometigste que no tse ibas a dejag cogeggg...
—Y no me dejo, paranoico. Pero tiene más fuerza que yo...
¿Qué fuerza, si no se había resistido ni un poco?
—Don Goque, baje la ventanilla pov favoggg....
Don Roque simplemente me ignoró. Tomó a mi mujer de las nalgas, volvió a correr la bombachita para un costado y la puerteó con el vergón hinchado y durísimo.
—Don Goque, pov favog, no me la coja...
—No, cuerno, no te preocupes que no te la voy a coger... —y la cabeza de la verga avanzó unos milímetros y se mezcló entre los primeros pliegues de la concha de mi amorcito.
—¡Don Goque, le va a entgag la cabeza!
El dolor me estaba anestesiando la cara, no los ojos, aunque los lagrimales me nublaban la poca vista que tenía. Pude mover el cuello y liberarlo un poco, con lo que pasé a ver menos pero al menos no babeaba y podría hablar mejor. El viejo crápula, arrodillado detrás de Tamy —que a su vez estaba arrodillada ofreciéndole el culo—, movió su pelvis levemente hacia adelante. O eso creo, porque entre la posición de mi cabeza y las lágrimas ya no pude ver bien.
—Ahhhhh —gimió mi mujer. Como tenía una oreja adentro pude escuchar muy bien su respiración grave.
—Tamy, ¿te está cogiendo? 
Tenía la cara casi horizontal, y encima la espalda y el culo del viejo me interrumpían la mínima visión periférica. Me pareció ver a don Roque moverse un poquito hacia atrás.
—Uhhhh... —volvió a gemir mi mujer, grave, casi inaudible—. N-no mi amor, nada más se la estoy chupando.
Hija de puta, por más que no viera bien, sabía que ella estaba de espaldas al macho con la cara sobre la otra ventanilla.
—Tamy, ¡no me mientas! ¡No se la estás chupando!
Don Roque otra vez llevó su pelvis adelante, siempre tomado de las ancas de mi novia.
—N-no, cuerno, nada que ver... ya te dio su palabra de que no me va a hacer na… aaaaaahhhhhh… por Diossss…
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BOMBEANDO 04 (PARTE II) - PREVIEW

Machete la tomó de la cintura y se acomodó las piernas, parecía que se apoyaba buscando mejor empuje.
—¡Basta, no me la estire más!
—No, cuerno, no… Tranquilo…
Retiró toda la verga. La vi completa y brillosa y a su dueño tomando por la cintura a mi Tamy.
—¡Me dio su palabra!
—Sólo la puntita, cuerno —y clavó—. Solo la pun… Ohhhh… la punti… taaaaahhh…
Y mi esposa:
—¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…!!! ¡Sííííííííííííííííí…!!
El vergón atravesó el culazo de mi mujer y se enterró rápido y sin misericordia hasta los huevos. Toda bien bien adentro.
—Machete, ¡me la está cogiendo!
—No, cuerno, solo te la puerteo.
¡Qué puerteo! Tenía el matambrito de verga todo enterrado en el agujerito de mi Tamy. Veintidós centímetros o más, adentro de ella, erizándole la piel y haciéndola tiritar levemente. Los muslos de Machete chocaban con la cola de mi mujer y encima el hijo de puta empujaba para clavar más.
—¡Me la está cogiendo, hijo de puta, me la está cogiendo!
—Es solo la cabecita y un poquito más —dijo sacando toda la verga para clavarla de nuevo, mientras amasaba las nalgas redondas y perfectas de mi angelito.
—Ahhhhh… ¡por Dios, qué pedazo de pija! ¡No pares! ¡No pares!
Le estaba mandando verga hasta la base en estocadas violentas y furiosas.
—¡Machete, no me la coja más, por favor, me la va a estirar!
Vi que la muy turra de Tamy no solo paraba el culito para que la pija le entrara más limpia, sino que además empujaba hacia atrás para que la perforara más hondo. 
—¡Así, Machete, rompeme el culo, rompeme el culo con ese pedazo de pijaaaahhhh!
La verga seguía entrando hasta los huevos.
*  *  *
Y menos mal porque en ese momento escuché el rugido del macho:
—¡Te lleno, putón! ¡Te lleno el culo de leche!
Volví corriendo desesperado, justo para llegar a ver a Machete agarrando de las nalgas de mi mujer, poseído por un demonio y bombeando enajenado, con violencia, con furia animal. El pijón entraba y salía del culito y casi ni se veía por la velocidad. Entraba tan fuerte y Tamy gritaba tanto que pensé que podía estar lastimándola.
—Agarrá, cuerno, agarrá que te la lleno —Fui a tomar a mi mujer de una nalga—. ¡La pija, pelotudo! ¡Agarrame la base y apretá fuerte!
Seguía bombeando y bufando, y como yo me quedé quieto, Tamy giró y me gritó hecha una furia:
—Hacé lo que te dice el macho, pedazo de cornudo, o te juro que no me tocás nunca más en tu vida.
Pensé en las muchas pajas que ella me dejaba hacer tocándole las piernas y la cola, y fue automático. Llevé una mano al tronco de la pija de Machete, a la base, y lo rodeé con toda la palma y los dedos. No fue fácil, Machete se movía como una bomba a motor.
—¡Apretá, cuerno! ¡Apretá que ya me viene y te la lleno de leche!
Apreté. Sentí la pija caliente, muy caliente, y húmeda, y el culo de mi propia esposa chocando contra el canto arrollado de mi mano. De pronto sentí con una claridad increíble cómo la verga del macho se puso durísima, como si fuera de hierro, y en una fracción se segundo noté el latigazo en la mano, el latigazo que recorrió el dorso de la pija.
—¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhh…!! —comenzó a gritar Machete, que se aferró a las nalgas de mi mujer y dejó de pronto de bombear, para llevar ese culazo con todo hacia él—. ¡Tomá, putaaaaaaaahhhh…!
Sentí otro latigazo sobre mi mano, en la base de la pija que aferraba. La leche estaba pasando por el tronco y entre mis manos, directo adentro de mi esposa.
—¡Apretá fuerte, cuerno, sentí cómo le lleno el culo de leche a tu mujer!!
Apreté y lo sentí. Y Tamy, que sentía mi mano y mi humillación, también empezó a acabar como pocas veces antes.
—¡¡No podés ser tan cornudooooaaaaaahhh…!!
—Apretá, cuerno, no dejes de apretar —me ordenaba Machete, pero no hacía falta, yo estaba tan fascinado por el momento que no solo le apretaba la base de la pija sino que, sin darme cuenta, un poco la agitaba adelante y atrás.
Y Tamy, cada vez más caliente:
—¡Te voy a hacer otro hijo, pelotudo!! ¡¡¡Te voy a hacer un hijo por verano, cornudo de mierda!!! ¡¡Aaaaahhhh…!!
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BOMBEANDO 04 (PARTE IiI) - PREVIEW


Gracias a Dios Botellita encendió la radio: un tipo y una mujer hablando como cotorras, y algunas risas.
—¿Qué pongo, pa?
—¡Dejá eso pero poné más fuerte!
Tuve la tentación de ir a poner otra cosa, música, pero don Roque ya se estaba entusiasmando y preferí quedarme en mi puesto. No de morboso fisgón, sino por eso de que iba a necesitar mi ayuda. Botellita subió el volumen. Don Roque ya empezaba a jadear, y Tamy, a gemir seguido. Me acerqué a ellos, don Roque le estaba entrando verga hasta cerca de hacer tope, y el bombeo ya era constante. Tamy cada vez gemía más fuerte.
—Qué rica conchita tenés, hija de puta… Cómo me apretás la verga…
Atrás se escuchaba la radio, el relator haciendo algún chiste, exagerado, y un par de mujeres volviendo a reír. Era demencial. La luz no muy fuerte, el olor a grasa de motor y gasoil, y las carcajadas horribles de fondo, mientras a la vez escuchaba gemir a mi mujer “ohhhh… ohhhh…” y bufar a don Roque más y más fuerte.
Como la ventanilla del lado de la cabeza de Tamy estaba abierta, pude escuchar a mi mujer en un murmullo para sí:
—Por Dios, qué pedazo de pija…
—Cuerno, acercate más que te la empiezo a remachar más fuerte.
El auto era muy pesado, se movía poco y nada, así que no entendí cuál era la ayuda que don Roque necesitaba. Sin embargo, fuera de cualquier cálculo, lo que sí comenzó a moverse cuando don Roque empezó a serruchar con todo, fue el taburete en el que se había parado para estar a la altura justa. Las patitas, abajo, se le iban de eje cuanta más violencia le imprimía a los vergazos, o cuanto más hondo se la mandaba a guardar a Tamy. Su equilibrio peligraba.
—Cuerno, teneme el banquito que me voy a la mierda.
Fui corriendo a sostenerle el equilibrio al macho que se empernaba a mi mujer, como si fuese un cornudo. Desde este lado podía ver perfectamente, ante mis ojos, limpia, la penetración de don Roque. Me agaché y sostuve el taburete, mientras don Roque se seguía clavando a mi esposa, pero ahora mi visión era la de un palco preferencial. Desde abajo y de costado de las piernas del viejo veía todo el tronco rechoncho y venoso del viejo hijo de puta avanzar y perforar la conchita de mi mujer. Perforar y entrar, hundirse como si a ella le gustara, como si en vez de ser mi amorcito fuera una puta que se pueden coger todos. La pija entraba y salía brillosa. Y las carnes de ella la albergaban por unos segundos malditos. La bombachita corrida, cortando media nalga, y la falda sin lograr protegerla de los pijazos del viejo, hicieron que se me terminara de poner de piedra.
—Don Roque, por favor… —supliqué sin demasiada determinación.
El viejo me miró hacia abajo, sin dejar de serruchar a mi Tamy, y me sonrió con malicia.
—Te la cojo, cuerno… —me murmuraba con voz algo grave, como si hablara solo para mí, aunque todos lo escuchaban—. Mirá cómo te la cojo…
—Ya me la cogió la vez pasada, se lo ruego…
El viejo hijo de puta no paraba de bombeármela.
—Mirá cómo le entra toda… ¿ves, cuerno? Y después te la siguen usando los muchachos…
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BOMBEANDO (ANEXO 1) - PREVIEW

La sola insinuación de que los dos nos fuéramos juntos de vacaciones a algún lado, y luego ella se tomara otros quince días para ir sola a Lobos me provocó un sudor frío.
—N-no, mi vida… —dije desesperado—. Prefiero que vayamos siempre los dos, nunca sola por tu cuenta… Podría… podrían querer abusarse de vos y hacerte cosas que no... emmm que no quieras…
Tamy sonrió de oreja a oreja con felicidad de niña cumpleañera. Apoyó la bandeja en una mesa desocupada, me tomó de las mejillas y me besó brevemente en la boca.
—¡Sos hermoso! Podemos ir otra vez este finde que viene.
—¿Qué? ¡No! Regresamos de allí hace diez días. Además, ni que tuviéramos obligación de pasar las vacaciones en esa quinta.
—Pero se lo prometimos a don José.
—No se lo prometimos, él nos obligó.
—Mi amor, vos mismo le dijiste que el año que viene me llevabas de nuevo para que me sigan cogiendo.
Estábamos en un patio de comidas, de esos que tienen las mesas unas pegadas a otras. En la mesa de al lado, separada por un tabique apenas más alto que los vasos de gaseosa, había dos muchachos facheros y bien vestidos, unos diez años más grandes que nosotros. Nos miraron en silencio, a Tamy con más hambre que a la hamburguesa, y a mí como si fuera una coca cola dietética. Escondí mi rostro detrás del vaso grandote y el sorbete, y le hablé bajo y mordiéndome los dientes.
—¡Lo dije porque el viejo hijo de puta me estaba pisando la cabeza mientras el Indio y Botellón te cogían adelante mío!
Recién ahí pareció ella reparar en que no estábamos solos. Miró a los dos muchachos facheros y les sonrió con un poco de seducción.
—Bueno, pero igual: no es de gente bien no cumplir con la palabra empeñada.
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Además, se incluye BOMBEANDO - ANECDOTARIO 1, con una serie de notas y anécdotas de la pareja en estos diez años.

ESTOS Y OTROS RELATOS EN EL BLOG DE REBELDE BUEY
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